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El deseo insatisfecho del hombre

         

¿Qué es lo que conduce al hombre a obrar de una manera aberrante? ¿Cuál es el disparador que desencadena que el hombre acabe por mostrar el lado más sombrío y oscuro de su personalidad?. Sin duda ese disparador está signado por la ambición de la cual el hombre es poseedor. Y, sin duda, la ambición ha hecho buenas migas con la codicia, con el egoísmo y con la avaricia a través del tiempo.

Desde que el hombre ha existido, ha existido en el mundo la ambición, pero ésta se ha expresado en la sociedad de diferentes maneras y aumenta de manera proporcional conforme el hombre “evoluciona”. Sin embargo, siempre que el hombre ha obrado moralmente mal producto de su ambición, ha recibido un castigo. Esto acontece, por ejemplo, cuando Adán y Eva prueban el fruto que les había sido  prohibido por Dios y  son expulsados del Paraíso. Adán y Eva no presentaban ninguna necesidad de comer aquél fruto, ya que tenían en ese lugar infinidad de comida, simplemente las ganas que poseían de alcanzar algo que era inalcanzable esencialmente, produjo el deseo que hizo flaquear su voluntad  ante la prohibición de no hacerlo.

Esta actitud adoptada por el hombre también se halla ejemplificado, aunque de manera diferente, en el mito griego de Baco y el Rey Midas, en el que éste último sucumbe ante su propia ambición y corre el riesgo de perecer de hambre y sed tan sólo por haber deseado querer poseer todo el oro del mundo.

De esta manera se hace evidente que el hombre quiere, a cualquier precio, tener un poco más de lo que posee, a pesar de que lo que ya tiene sea suficiente. Y obra, consecuentemente, sin darse cuenta de las atrocidades que comete, gobernado por ese sentimiento de insatisfacción.

Sin embargo, la ambición ha sido, por lo general, bien vista y aceptada dentro de la sociedad. Esto ocurría, en la Edad Media y se ve reflejado, por ejemplo, en El poema del Mío Cid”, cuando los caballeros peleaban en las batallas por conquistar nuevos pueblos y territorios, y cuyo objetivo más preciado era obtener un gran botín.

Más adelante, durante el Renacimiento, se produce la expansión a nivel mundial del   capitalismo y la injusticia social gana terreno: ciertos sectores sociales han conocido las privaciones y una vida de miseria a costa del enriquecimiento de otro grupo de hombres que conocieron el lujo y derrocharon el dinero que tenían en abundancia. La primera novela que se escribió, El Lazarillo de Tormes, retrata a la perfección esta triste realidad. En la misma, se narra la historia de un niño que vive desamparado ante la pobreza y debe soportar las calamidades de sus amos.

Y al parecer es eso a lo que la humanidad apunta cuando intenta obtener un poco más: se trata de obtener un control sobre el otro miembro de la sociedad, se trata de someterlo.  Pero, ¿para qué?. ¿Acaso cree el hombre que de esa manera alcanzará la felicidad?. El tiempo parece contradecirlo fehacientemente si consideramos que el humano ha buscado la felicidad desde sus orígenes, pero jamás la ha alcanzado. Y probablemente la razón por la cual no puede acceder a esa felicidad es, irónicamente, la forma monstruosa en la que el hombre se comporta. Porque una persona no alcanzará jamás la felicidad, por ejemplo,  si ha matado a otra persona, o si ha matado a un miembro de su propia familia sólo por obtener poder; simplemente alcanzará la angustia, y tal vez hasta su propia muerte, luego de haber sembrado una tragedia en el seno de su familia. Esto es lo que ocurre en Hamlet”, la obra en la que William Shakespeare retrata a la perfección las miserias humanas a las que el hombre llegaba en la época de la corona  tan sólo por obtener un poco de poder.

  Y esto continuará ocurriendo de manera recíproca. Porque mientras el hombre exista, existirá en el mundo que habitamos la ambición. Y el propio hombre, gobernado por la codicia, será el encargado de poner un punto final a esta situación: acabará consigo mismo.

 

Trabajo realizado por la alumna Renata Fadel de 4º4º Turno Tarde